La deflación y sus consecuencias

La deflación es una caída de los precios en el conjunto de la economía.

Normalmente tiene que ser durante más de dos trimestres seguidos, para evitar las caídas puntuales o en sectores determinados. El origen de este fenómeno es cuando la oferta de bienes y servicios supera a la demanda y el ajuste al nuevo equilibrio se realiza mediante el precio.

La Unión Europea tiene el objetivo de mantener el nivel de inflación en torno al 2%, aunque en muchos países se alejan de esta meta. Las políticas monetarias tanto comunes como propias se centraran en este problema, ya que los desajustes en este sentido tienen graves consecuencias. Siempre se ha tenido más miedo a una inflación elevada, y casi todas las políticas han ido en este sentido, pero cuidado con la deflación, que si es prolongada puede tener peores consecuencias.

El fenómeno de la deflación aparece en momentos de crisis o recesión económica. Los consumidores que piensan que los precios pueden continuar cayendo retrasan sus posibles compras lo que da lugar a una reducción de la inversión. La consecuencia de esto es recesión y menos trabajo. El sector financiero es de los peores parados, ya que aumenta la morosidad por la peor situación general de las familias. Obviamente los ahorradores o pensionistas se ven beneficiados a corto plazo, ya que con el mismo dinero tienen mayor capacidad adquisitiva.

Para intentar solucionar estos problemas suelen proponer una política monetaria expansiva (bajada de tipos) o una política fiscal expansiva (disminución de impuestos).

El caso más grande de deflación fue el de la gran depresión en Estados Unidos donde bajo mucho la oferta de crédito y por consiguiente de la actividad. Actualmente no hay previsiones que de podamos caer en una situación de deflación prolongada, pero existe el riesgo, por lo que hay que tomar medidas para evitarlo, como una expansión de la oferta monetaria o financiar una política fiscal expansiva.